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sábado, 25 mayo, 2024
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    Calor y sequía: el campo está complicado en el Norte argentino

    No son buenos tiempos para el campo en general. El clima golpea con intensidad, sin lluvias y con temperaturas extremas, que baten récord y superan los 45 grados. Hay mortandad de animales vacunos, porcinos, de aves, y con un fuerte impacto en cultivos de maíz y en algunos casos de algodón.

    En el Chaco se puede ver el impacto negativo de la falta de lluvias ya que se retrasó la siembra de algodón por ausencia de humedad en los perfiles de los lotes reservados para este cultivo.

    Los lotes implantados en la primera semana de octubre sufren un considerable estrés hídrico, al que se le agregan en algunos casos «la quema» por presuntas derivas de campos vecinos de productos hormonales aplicados para control de malezas.

    «Nos golpea el clima y nos golpea la deriva de hormonales», dicen productores de la zona de Coronel Du Graty.

    TAMBIÉN EL MAÍZ

    En los cultivos el más afectado es el maíz, aunque también afectó a lotes de algodón sembrados a inicios de octubre. Hubo mortandad de gallinas y pollos y algunos vacunos. Las temperaturas fueron récord en algunos casos con marcas superiores a los 45 grados. A eso se suman los largos períodos sin energía eléctrica que impide a los pequeños productores asistir con agua a los animales.

    Miles de gallinas ponedoras y pollos de granja muertos, como también animales vacunos, es el resultado de los intensos calores que azotan al Norte del país y que en el caso de Chaco registró temperaturas récord que superaron valores históricos como sucedió en la Estación Experimental del INTA Las Breñas, que midió 45,6 grados el jueves pasado.

    A todo ello, el impacto en los cultivos de maíz fue devastador en zonas del sur de Villa Ángela como también al norte de Avia Terai y sur de Tres Isletas, donde el «soplete», como lo llaman los productores, «achicharró» las plántulas de maíz.

    También se ven lotes de algodón sembrados en la primera semana de octubre con serias dificultades.

    CALOR EXTREMO

    La Estación Agrometeorológica «Delfino Juan Palaoro» del INTA Las Breñas, registró el jueves 8 de diciembre una temperatura máxima histórica de 45,6 °C superando la máxima absoluta de 44,8 ºC del 10 de diciembre de 1970, según los datos registrados por el Observador Meteorológico Germán Herrera. Marcas similares a estas se fueron dando en casi todo el territorio provincial, donde las lluvias no llegaron en noviembre como se esperaba.

    EN LA GANADERÍA

    En tanto, productores del norte de Machagai, Castelli, Napenay, Las Breñas y Corzuela comentaron que tuvieron mortandad de ganado tanto vacuno como porcino. «Son muy altas las temperaturas y a eso se agrega que cortan la luz, no se puede bombear agua, y se torna muy complicado todo», dijeron.

    Sáenz Peña: en seis meses, olo 179 milímetros

    Se escucha decir que el Chaco no es para cualquiera y los productores agropecuarios lo sufren en carne propia por el calor extremo y la falta de humedad en los suelos que en seis meses, en el departamento de Comandante Fernández, recibieron menos de doscientos milímetros de lluvia.

    Las elevadas temperaturas no dan tregua y los pronósticos de precipitaciones no se cumplen y aunque ocurrieran ya encuentran al girasol entregado, por lo que la humedad es esperada para determinar si la soja será o no una apuesta en el año agrícola que transcurre. El algodón es el otro cultivo que aún no está definida la siembra total, aunque la fecha de siembra estipulada por el Senasa expiró el 30 de noviembre.

    En el caso del girasol algunos lotes comenzaron a cosecharse «apurados por la presión de las palomas». En el caso de Gustavo Wegera, la trilla de la oleaginosa se inició el 7 de diciembre en un lote de cuatro hectáreas sembrado el 20 de julio que entregó 6.200 kilos de rendimiento. En la zona, que está ubicada al oeste de la ciudad de Sáenz Peña, «en general los lotes se sembraron entre el 18 y 25 de julio, con el perfil de reserva que tenía el suelo por lo acumulado con las lluvias de marzo y abril». En esos dos meses del primer semestre se acumularon, en algunos sectores del departamento, 530 milímetros, «lo que recuperó el perfil y habilitó la siembra del trigo que, posteriormente, fue dañado por las heladas».

    Las lluvias, después de esos 500 milímetros en el inicio del otoño, no tuvieron continuidad «y el período de floración cumplió su etapa con apenas 59 milímetros». «En los finales de noviembre, para ayudar un poco a llenar el grano, se registraron 65 milímetros», detalló Wegera.

    El agricultor lleva detallado desde el año 1990 cada registro pluviométrico en su campo, y el del 2022, resguardado en una antigua carpeta que la vieja Cooperativa La Unión les entregaba a los productores para que anoten las lluvias, indica que «en los últimos seis meses fueron nada más que 179 los milímetros». «La seca es extrema», resumió.

    PRESIÓN DE LAS AVES

    La escasez de agua limitó a los sembrados de girasol y «a duras penas» la cosecha se está iniciando. La producción de Wegera fue la primera carga que recibió la Cooperativa Agropecuaria Sáenz Peña Limitada, en el comienzo de la época de zafra girasolera. El «lotecito», de un total de 75 hectáreas sembradas por el productor del departamento de Comandante Fernández, «comenzó a madurar primero y, en consecuencia, las palomas presionaron».

    «La presión de las aves apuraron la determinación de aplicar desecante para cosecharlo y se obtuvo tan solo un chasis, lo que tal vez para muchos es insignificante pero para mí, que soy un pequeño agricultor, es importante», refirió Wegera. La apurada trilla rindió un promedio de 1.550 kilos por hectárea «y los otros lotes esperan la cosecha en los próximos días».

    NO TAN DRAMÁTICO COMO HACE DIEZ AÑOS

    El resto de las hectáreas de girasol sembradas por Gustavo Wegera aún no registran daños, «siendo ese primer lote el que se comenzó a llenar de palomas al madurar primero, mientras que ahora se dispersaron a otro sembrado al frente del cosechado».

    La particularidad es que «desde hace diez años que la población de palomas no ejercía tanta presión en campos con girasol en el centro chaqueño». En este sentido, Wegera recordó que en 2012 un lote implantado con el grano aceitero fue atacado «peor que ahora». «En ese año la cantidad era superior, eran nubes de palomas que se posaban sobre el cultivo, pero después la plaga se perdió para volver a marcar presencia en esta campaña, aunque sin causar el drama que ocasionó en aquel tiempo», indicó el productor que tiene su campo entre La Mascota y Pampa Napenay.

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